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Cómo redactar un informe que te proteja y no que te acuse
Cada palabra de un informe puede volverse prueba en tu contra. Así se redacta sin dejar vacíos que otro llene después.

El informe es prueba, no trámite
Lo que se consigna en un informe o en una anotación queda como la versión oficial de lo ocurrido. Cuando aparece una queja, el operador disciplinario contrasta esa versión con lo que digan los demás. Si el informe es escueto o ambiguo, el vacío lo llena la contraparte.
Describe la circunstancia, no solo el hecho
Decir que se practicó un registro no explica nada. Decir qué motivó la intervención, qué se observó antes, qué se le informó a la persona y en qué condiciones se actuó convierte el mismo hecho en un procedimiento sustentado. Esa diferencia es la que después permite invocar causales de exclusión de responsabilidad.

“El informe lo escribes en diez minutos y lo lees en una audiencia tres años después. Escríbelo pensando en ese día.”

Álvaro Peláez
Profesor y fundador de D-Pol
Cuida el verbo y el tiempo
La redacción en condicional, las generalizaciones y los juicios de valor debilitan el informe. Escribe en pasado, limita el relato a lo percibido directamente e identifica como tal lo que te contaron terceros.
Cita la norma correcta
Un informe que invoca una disposición que no corresponde al hecho abre una discusión que no necesitabas. Verifica la norma aplicable antes de cerrar el documento.
Una revisión antes de firmar
Releer el informe preguntándote qué te cuestionaría un abogado en una audiencia toma dos minutos y evita años de proceso. ¿Se entiende por qué actué así? ¿Está el soporte de lo que afirmo? ¿Queda algo abierto a interpretación? En la biblioteca encuentras la guía institucional de presentación de informes y las plantillas de redacción.

